sábado, 2 de julio de 2011

Retorica del silencio.

Donde hay mucha luz, la sombra es profunda.
...
(Johann Wolfgang von Goethe - Fausto)

(Radiohead - Jigsaw Falling Into Place)

Nunca enterré mis muertos. No solo por mis carencias sino también porque esos semi-difuntos siempre inventan cualquier respiratorio que prolongue un poco más ese último suspiro. Siento el aliento caliente y confundo todos los alientos, con todos los gustos, ya no percibo nada más. Cuando conoces muchos sabores, casi, todo es la misma cosa.

Abro excesivamente mis ojos para hablar contigo, como si así consiguiese verme un poco mejor, no de un modo extraño como acostumbraba a ocurrir. Recuerdo las noches, en que tú no venías y lloraba resentido tu ausencia, que hoy se que siempre fue mía. Lo cierto es que en aquella época yo me desgarraba y sería un tanto hipócrita reflexionar sobre lo aprendido que eso me produjo. Simplemente no tenía grandes opciones. Sobrevivir o no.

Ahora vos llegas con esa grandilocuencia conquistada en algunos pequeños libros de y con frases hechas de otras personas, debatiendo mi dolor, justificándolo como un proceso natural para el crecimiento. ¡Jódase! el crecimiento interno. Solo quería que no me hubiese lastimado tanto. Solo eso.

¿Qué dices? No, no me gusta las fiestas ni a esas masas escandalosas, prefiero estar en casa y consumirme entre mis fiebres. Se que prefieres ir para un bar ruidoso, poner una sonrisa en tu cara, ser seducida por manos ásperas que quieren tu cuerpo y no tu mente. No tiene importancia para ti. ¿Importa? Después tener conversaciones que podrían ser tranquilamente substituidas por el silencio. Tomar, oler, vegetar, comer, comida, salir como loca, media Frida Kalho, media puta, arrebato de histeria. ¿Todo eso para qué, mi amor? Solo para que consigas reproducir tu caos interno en el mundo. Se que existe esa mierda de darse a conocer, cosa posmoderna, tú sabes. Pero creo que a veces se expresa al máximo, donarse para mundo esta lejos de estallidos y gritos. Decir al máximo tiene que ver con una única sentencia, a veces, hasta con un único suspiro.

¿Por qué no vas sola? Lo que quiero es estar aquí y no moverme. Tú siempre prefieres las banalidades y esas teorías súper demagógicas e intelectualoides sobre la practicidad y la relatividad del amor. Ahora te amo y ahora no. Nosotros no amamos todo el tiempo. Te vas a aferrar con ese discurso. No se, no has notado, soy de aquellos tipos que todavía creen en el último amor. Soy romántico, mi amor. Se que suena a burla decir así tan d-e-s-n-u-d-a-m-e-n-t-e. Pero lo soy.

Podría decirte que todavía creo en los abismos y en las profundidades insondables, que me agrada el vértigo y bla, bla, bla… Todo se resumiría en la misma porquería de siempre y encima tendrías que oír que soy poético por demás. Soy yo. Es la única cosa que soy y que me mantiene vivo. Tengo certeza que levantaré al día siguiente por puro l-i-r-i-s-m-o.

Estás evidenciándote, colocando tus problemas como si fueran extremamente importantes. ¿Y qué? Que palabrería idiota es esa de que los dolores son individualizados y que no se puede medir nuestro dolor con los dolores ajenos. No es diferente, cierto! Es la misma cosa. Se que vivo lamentándome aquí, esto no pasa de ser un asunto desagradable y sin sentido mientras hay por allí gente comiendo lagarto, vociferando desgracias, dando el culo por dinero, muriendo de sed y de todas las hambres posibles.

Claro que podemos esbozar tamaños y extensiones de las mutilaciones. Y la nuestra mi amor, no es nada. Somos solo más una historia canalla en este mundo hecho de desiertos y búsquedas interminables.

Si, se que todo es diferente, cada quien en su círculo, sin embargo si podemos traspasar y ver más allá de nuestros muros. ¿Qué veremos? ¿No vas a preguntar? Mejor así. Veremos que hay gente mucho más jodida que tú y yo.

¿Estás viendo esos elfos? Yo veo. Tú no crees en nada. Estás siempre predicando una brutal realidad, a medida que coleccionas fantasmas. Qué tipo de realidad es esa, donde la mayor parte del tiempo vives en aquello que ya no tiene más vida.

Tú ya me había mencionado eso. No estoy con rabia. No siento nada. Ni ofendido, ya estuve, pero imperceptiblemente eso fue transformándose. Hoy tú eres solo frenesí y miedo. Mi Eréndira, mi desierto, mi cuasi-siempre-perdida-esperanza.

Recuerdo si. Pero Venecia no es tan especial. Prefiero Praga. Húmeda, fría y llena de sombras. Praga es mi espejo en el mundo. ¿Tú no tienes um espejo en el mundo? Yo sabía, como te conozco. Pero no se si confío mas eso de que todo los lugares son iguales. A veces si, a veces no, depende de la nosotros y de las personas. Cualquier lugar serviría, para esperarte. Ay sí, conservo mis convicciones, pues cuando se espera, todos los sitios tienen el mismo contorno.

Estoy encadenado en aquel momento. Imposible no volver al tema. Fui hasta ti, para verte, para tocarte, para vivir mis sensiblerías de encuentros llenos de amor e ternura. Se que eso no existe, pero solo después de todo. Tú no estabas en aquel lugar. No! Voy a proseguir. Siempre me callo ante tu silencio que pide el mío, pero hoy voy a desmoronarme frente a ti y proferiré todas las verdades y todo lo que estaba atascando mis noches desde aquel día en que fui a tu encuentro, como un perro, lunático, argonauta. Tú no estabas en aquel lugar. Encontré apenas tu cuerpo de c-a-s-c-a-j-o, tu semi-podredumbre, y una barrera intransferible entre el tiempo de los perfumes nocturnos y el tiempo en que nos encontrábamos en aquel instante que hasta hace poco persistía. Era tu cuerpo, no tu mente. Sin calor, sin aliento, sin ninguna pulsación.

Claro que tenía que llorar. No lloré, apenas me llené de odio y fui entrando en aquel mar, mientras yo flameaba palabras que brincaban locas, despedazando, agrietándome, para salir por entre los vahos que se iban formando. Igual que aquella tierra semiáridas está llena de grietas.

¿Nuestro saldo es el desencanto. Y tú, dónde andarás?

Puede ser. Talvez tu estés cierta. Tengo miedo de admitirlo, no lo sé, sin ningún orgullo, ocurre que tu raciocinio es el fertilizante de mi sangre, una lanza afilada. Soy la presa, caigo a tus pies, implorando el golpe final. Porque tu razón siempre florifica mi dolor.

Evidentemente, tu pregunta llega a ser redundante. Tengo ansias por ti. Todo el tiempo, nunca olvido. Ni se si pienso en ti, o si tu imagen está intrínseca, tan arraigada, que aprendí a pensar en todas las cosas de mi vida, trabajo, dinero, comida, joder, dolencias, filosofías huecas, alucinaciones, familia, sin dejar nunca de pensar en ti. Ya no estás en mis recuerdos, coexistes con todos los otros.

Si fuera a diseñar, pintaría mi yo interno, con todas las babosas que existen en mí. Tendría un árbol viejo en el medio de la estrada, realmente pronto a caer, cansado, acercándose a la miseria, vivo no obstante y persistiendo a su propia decadencia. Estaría en un barranco de tierra roja, sin nada alrededor, a no ser una ladera que llevaría a un río barroso, donde puedo ver sobras flotando y centenas de urubús que disputan un espacio pequeño de un esqueleto de buey un poco más al margen

Todo bien, voy a frenar con esta charla. Porque se fuera para ser realista, voy a comenzar a entrelazar comentarios sobre las ilusiones perdidas de todos aquellos que fueron para algún lugar a cazar un sueño, un plato de comida, un amor, esperanzan y solo hallaron miseria y artimañas. De ahí teniendo eso en cuenta, elegiré callarme para siempre, porque todos mis gritos resonaran como susurros.

A la mierda con todos los reyes, todas las amarguras. Aquellas que hacían parte de mis sueños, ya caerán en el pie. Tornóse bancario, estudiante profesional, algún tipo de prestamista, algún tipo de muerte después de la vida. Soy por demás delicado para perder todo y recomenzar con menos ambición.

Molinos de viento, yo entiendo. Leila Pinheiro. Clara. ¿¡Canta un pedazo!? Verte cantando esa canción me recordó un poema de Mario Quintana. ¿Cómo se llamaba? Sí! La ruta de los molinos de vientos. Lea y sabrá que estoy contándote un secreto, porque yo también perdí una forma de sonreír, de la primera vez que me asesinaron.

Esa conversación de amenidades me cansó. Quiero que te vayas, pues no traes más a la primavera y si la traes es un tipo de primavera que se vende en los mercados.

Ah, iba olvidando. Te iba a hablar que el otro día una chica que me dejo en un estado de absurdo por la piedad con que me miró. Me incliné, me desvié, pero no funcionó. Tú estabas allí. En los ojos de

Tú siempre tuviste un tipo de piedad por mí, de quien está por encima y puede continuar viviendo como si nada hubiese sucedido.

A veces necesitamos de más coraje para vivir que para matarse. Yo continúo. Lejos por demás, tarde por demás.

Salí de aquí, porque en algunos instantes tú. Estarás para siempre apresada en mí. Aprovecha que hoy, mi amor murió. O tal vez ayer, no se bien. ¿Qué importa? En medio del invierno, yo aprendí finalmente, que había en mí un verano invencible. ¿Para qué aborrecerse?

¿Tú sabes lo que es el encanto? Es oír un si como respuesta sin haber preguntado nada. Puesto que somos más por las cosas que callamos que por las cosas que decimos. Debes saber. Solo que hasta ese mismo silencio debe ser bien escogido, bien direccionado.

Eso es mentira! Nunca quise encadenarte pero, si, la libertad es eso mismo. Estar privado de la libertad.

¿Qué es lo qué estás esperando para caer de nuevo en tu noche que nunca termina, en tus amores siempre a punto de ser verdaderos?

La verdadera generosidad en relación al futuro consiste en dar todo de sí en el presente. Y tú ¿que siembras? Okey. Perfecto, tus respuestas lacónicas. Igual iré a joderme. Centenas de veces. Tu deseo será una orden. Así es y amén. No ser amado es una falta de suerte, pero no amar es la propia infelicidad. Estoy entre veredas.

Oiga, antes de tocar la puerta, de casa, de mí, nuestro futuro del pretérito: Es necesario saber entregarse al sueño, cuando el sueño entrégase a nosotros.

Nunca más, ni por una milésima de segundo volveré a ser aquel niño. Mi árbol cayó, viejo y cansado. Voy a contarte un gran secreto, mi querida: No esperes por el juicio final. Este se realiza todos los días.

Apaga las luces antes de salir.

Buenas noches.

Yo también