lunes, 18 de octubre de 2010

Constelaciones.

Tú eres mi fatal lado izquierdo.

Yo, tu des-camino más cierto.

Tú eres de escorpión, te llamo escorpianina, sin saber seguramente si esa es la manera correcta, pero te hablo así, porque me parece mucho más preciso. Cero absoluto. No importa, de hecho: Tú eres escorpión, constelaciones nacientes de primavera, sol y furia. Yo piscis, rezo por Neptuno, me convierto en santo, en canalla. Tú me guías. Yo te guío.

Nos ponemos ciegos, y con nuestros corazones tan cansados, nos remendamos. Yo con mis aguas, tú con tus constelaciones nacientes. Y así, entre furia y agua, nos acogemos como quien acoge un cachorro.
Tiago Fabris Rendelli

jueves, 2 de septiembre de 2010

Tiempo perdido.

Que se joda tu amor perdido, ese nuestro rey-ego absoluto que no se conforma en ser dejado. La vida sigue sus pasos furtivos y se esconde en los callejones del otrora.

No hay doncellas ni dragones ni hadas y ni nada. Apenas lo real nos enmarca. Lo real con puntas mal cortadas. Delicadamente digo algún nombre e imploro perdón, mientras miro hacia la línea de mi tiempo.

Busqué tanto ser tu paz definitiva y me quedé únicamente con ese nudo en la garganta y con mis sentimentalismos.

Seguiré como un perro, lunático, argonauta, y sé que encontraré solamente un cuerpo de grava, medio-podrido, y la barrera no transpuesta entre el tiempo de los perfumes nocturnos y el tiempo de las esperas latentes, de la ventana lateral, que ya no me muestra el mismo paisaje. Sin calor, sin soplos, sin pulsación ninguna. Tenia que llorar. No lloro, únicamente me entrego a ese odio y voy adentrándome en ese mar, mientras destello palabras que saltan locas, despedazando, saliendo por todos mis espacios para terminar en el más puro desierto.

Soy tierra seca y agrietada.

Tiago Fabris Rendelli

martes, 13 de julio de 2010

Los Girasoles de ayer.

Ahora sí, mis palabras - fotografía contrastada - que vos volviste a tu prisión dorada, exilada de ti misma, siento el olor de la noche en descomposición, mientras tus pasos atraviesan por otras esquinas, y tus brazos buscan olvidarse en otros abrazos. Llamamos de "silencio" la música que ya no podemos oír.

Nos quedamos con nuestros amores pasados y presentes en la espalda, como en la obra de Beckett, Esperando por Godot, inmerso en los desiertos de Tártaros, en el pie de un árbol en forma humana, hablando de nuestras esperas ancestrales, de aquellos instantes, pasarelas a la eternidad, que no se habían construido nunca, porque un día, sin razón, los puentes estaban cortados entre la vida y nuestra comprensión.

Sigo esperando, una llamada, un olor, un café, una risa, un instante. Cualquier cosa que nos lance a ese más de adentro que nos cerca.

Tiago Fabris Rendelli